Vértigo alterno: cuando un oído compensa y el otro no, y todo gira
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Vértigo alterno: cuando un oído compensa y el otro no, y todo gira

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CDB
19 de junio de 2026 3 min lectura

El vértigo alterno es uno de esos sustos que cambia para siempre cómo bajas. Pasa cuando un oído compensa y el otro se queda atrás, y la diferencia de presión entre laberintos hace que el cerebro reciba dos señales contradictorias. El resultado es náusea, desorientación y, peor, ganas de subir rápido cuando es justo lo que no debes hacer.

Pasó en Cabo de Gata, mes de junio, agua a 19 °C, descenso por línea a 18 m. Bajaba normal, compensando cada metro como siempre. A los 14 m noté que el oído izquierdo no compensaba bien, pero seguí bajando un metro más pensando que se arreglaba. Mal hecho. Cuando el izquierdo cedió de golpe a 15 m, el cerebro recibió un estímulo violento de un oído mientras el otro estaba estable. Se me revolvió el mundo. La línea de descenso me pareció horizontal. Las burbujas iban hacia los lados.

Lo que pasó fisiológicamente es esto: el sistema vestibular usa dos laberintos, uno por oído, para darle al cerebro información de orientación. Cuando los dos están a la misma presión interna, todo va bien. Cuando uno tiene una compensación retrasada y el otro está al día, el cerebro detecta una asimetría brutal y la interpreta como movimiento. De ahí el vértigo y las ganas de vomitar bajo el agua, que es uno de los escenarios menos divertidos del buceo.

Las causas habituales son tres: un oído con catarro o congestión leve no detectada, una técnica de compensación asimétrica (gente que sólo compensa un lado bien), y descensos demasiado rápidos sin dar tiempo a que ambos oídos se equilibren. La mayoría de casos se evitan compensando antes de notar molestia, no después.

El protocolo si te pasa: agarrarte a algo que no se mueva (línea, fondo, compañero), cerrar los ojos un momento, respirar lento, y subir 1 o 2 m hasta que el oído rezagado libere presión. Suele bastar para que el vértigo desaparezca en 30-60 segundos. Lo importante es no subir golpe seco a superficie, porque el cambio brusco de presión puede agravar y además te expone a otros problemas.

Lo peor del vértigo alterno es que rompe el equilibrio entre lo que ves y lo que sientes. Tu vista te dice que estás vertical en el agua. Tu oído interno te dice que estás girando como una peonza. Ese conflicto sensorial es lo que provoca la náusea, no la presión en sí. Si cierras los ojos y te concentras en respirar, le quitas un input al cerebro y se calma antes.

Tras el incidente, hay que terminar la inmersión en superficial. Nada de seguir bajando aunque te encuentres bien después. El oído ya está irritado, y forzar otra vez la compensación durante la misma inmersión es como apretar una herida abierta. Suele dejar el oído sensible 24-48 horas; en ese tiempo, no bucear. Si dura más, otorrino.

Una práctica preventiva que funciona: compensar antes de bajar (en superficie, suave) para tener los dos oídos despejados desde el inicio. Y compensar cada 30-50 cm los primeros 6 m, no cada metro. Los primeros metros son donde más asimetrías aparecen porque la presión cambia más rápidamente en porcentaje. Una vez pasados los 10 m, la frecuencia de compensación se puede espaciar.

Mi norma personal después de aquel susto: si un oído tarda más de dos intentos suaves en compensar, no fuerzo. Subo medio metro, lo intento de nuevo, y si no cede a la tercera, abandono la inmersión. Ahora me parece exagerado escrito así, pero el día que vives un vértigo alterno entiendes que un oído rebelde es razón suficiente para no insistir. La inmersión no se va a ningún lado, vuelves mañana.